Garcilaso de la Vega: Un cronista mestizo de estirpe incaica

Introducción

1. El Autor:

El Inca Garcilaso de la Vega, nacido Gómez Suárez de Figueroa en el Cuzco el 12 de abril de 1539, fue hijo del Capitán español Garcilaso de la Vega, oriundo de Badajoz, quien llegó a América en 1531. El Capitán participó en la expedición de Pedro de Alvarado en 1535 y formó parte del ejército del virrey. Fue capturado por Gonzalo Pizarro, pero este lo trató con tal benevolencia que lo atrajo a su causa, aunque sin mucho entusiasmo. Hábilmente, el Capitán cambió de bando antes de la batalla de Xaquixaguana, uniéndose al presidente La Gasca.

En 1554, Garcilaso de la Vega fue nombrado Corregidor y Justicia Mayor del Cuzco, cargo que desempeñó durante dos años. Su madre, Chimpu Ocllo, era de ascendencia incaica, nieta del cuarto hijo de Túpac Yupanqui y sobrina de Huayna Cápac, según el propio Inca Garcilaso. Bautizada como Isabel Suárez, en su testamento de 1571, se identificó como hija de Gualpa Topa y Cusi Chimbo, lo que también corroboró Garcilaso.

Los conquistadores españoles se mezclaron rápidamente con la nobleza cuzqueña, en parte por la escasez de mujeres españolas y en parte para obtener información sobre posibles riquezas indígenas. Estas uniones, incluso ilegítimas, les conferían prestigio al vincularse con la élite local y facilitaban futuras reclamaciones de tierras e indios de servicio. El Capitán Garcilaso, debido a sus constantes compromisos en las guerras civiles del Perú, no pasaba mucho tiempo con su hijo mestizo. Este creció bajo el cuidado de Juan de Alcobaza, junto con otros niños mestizos del Cuzco, con quienes forjó una amistad duradera.

Doña Isabel vivió en la casa del Capitán como concubina, manteniendo una relación social activa con sus parientes indígenas, frecuentemente invitados por el Capitán. Su relación con Gonzalo Pizarro provocó que el Capitán fuera privado temporalmente de su encomienda, pero más tarde recuperó sus propiedades y fue nombrado Corregidor del Cuzco en 1554, evidenciando que su vinculación con Pizarro ya había sido olvidada. Garcilaso recordaría con afecto su juventud junto a otros niños indígenas y mestizos, algunos de los cuales le proporcionarían valiosa información para su obra.

El Capitán Garcilaso solicitó permiso para viajar a España en 1557, pero nunca lo hizo. Falleció en el Cuzco en 1559, tras haberse casado en 1552 con doña Luisa Martel de los Ríos.

2. Educación del Inca:

Aunque fue educado al estilo español junto a otros niños mestizos y vivía en la casa de su padre en el Cuzco, Garcilaso creció en un ambiente claramente indígena, influenciado por su madre, los sirvientes quechuas de su padre y sus parientes incas. De su madre y su ayllu, relacionados con las panakas incas, recibió el amor por su tierra, su cultura y la lengua de sus ancestros, el runashimi (quechua). Garcilaso menciona en sus escritos cómo trataba con los quipus y ayudaba a los curacas a verificar sus cuentas de tributos, ganándose su confianza.

Desde joven, Garcilaso aprendió latín con Juan de Cuéllar (Esteve Barba, 1968: lviii) y practicaba el español en el ambiente mestizo-hispano del Cuzco, lo que lo convirtió en bilingüe en quechua y español desde la infancia. Al partir hacia España en 1559, dos años después de la muerte de su padre y con 20 años de edad, Garcilaso se alejó definitivamente del entorno lingüístico quechua. Al escribir *La Florida* años después, confesó que había olvidado gran parte de su lengua materna debido a la falta de oportunidad para hablarla en España.

Según Sáenz de Santa María, tras el matrimonio de su padre con doña Luisa Martel en 1551, Garcilaso, de 12 años, se separó de su madre y comenzó a usar el español como lengua cotidiana. A partir de ese momento, el quechua fue perdiendo peso frente al español. En 1560, un año después de la muerte de su padre, Garcilaso partió a España para continuar su educación, sin volver jamás a su tierra natal, a pesar de sus deseos.

3. Vida del Inca Garcilaso en España

En 1560, Garcilaso de la Vega se trasladó a España gracias a la herencia dejada por su padre. Se estableció en Montilla en 1561, bajo la tutela de su tío paterno, el capitán Alonso de Vargas, hermano de su padre. Allí vivió casi ininterrumpidamente durante 30 años. Se menciona que pudo haber participado brevemente en las Guerras de Italia, posiblemente en 1564, aunque algunos historiadores, como Raúl Porras Barrenechea, ponen en duda esta participación. En 1574, aun residiendo en Montilla, recibió la noticia de la muerte de su madre, a quien nunca volvería a ver.

En 1591 se mudó a Córdoba, donde finalmente pudo disponer de los bienes heredados de su tío Alonso de Vargas, quien había fallecido en 1570. Este evento marcó un alivio económico notable en la vida de Garcilaso. En 1593, en Córdoba, firmó el prólogo de su obra La Florida del Inca, que se publicaría en 1605. Fue en esa época cuando adoptó el título de "El Inca", con el cual se identificó orgullosamente.

A pesar de haber obtenido un permiso para regresar al Perú en 1563, nunca lo hizo. Algunos investigadores sugieren que podría haber existido una prohibición real que le impidiera volver, aunque no se ha encontrado evidencia concluyente al respecto. Garcilaso nunca se casó, pero los registros indican que tuvo un hijo natural, Diego de Vargas, a quien no menciona en sus escritos.

Falleció en Córdoba en 1616, sin haber visto publicada la segunda parte de sus Comentarios Reales, que se imprimió un año después, en 1617. Sus restos descansan en la Mezquita-Catedral de Córdoba, en la Capilla de las Ánimas.

Obras del Inca Garcilaso

La producción literaria del Inca Garcilaso abarcó varias décadas. A continuación, se detalla una cronología aproximada de la elaboración y publicación de sus obras más importantes:

Entendido. Te presentaré la información de manera clara y organizada sin utilizar una tabla. Aquí tienes la información sobre las obras de Garcilaso de la Vega en un formato de texto estructurado:

1. Diálogos de Amor

   -Inicio probable: Antes de 1587

   -Elaboración y terminación: Borradores en 1587, Terminada en 1588

   -Publicación: Madrid, 1590

2. La Florida del Inca

   -Inicio probable: 1561-1565

   -Elaboración y terminación: Escribió la mayor parte entre 1587 y 1592

   -Publicación: Lisboa, 1605

3. Relación de la Descendencia de Garci Pérez de Vargas

   -Inicio probable: No especificado

   -Elaboración y terminación: Terminada en 1596

   -Publicación: Madrid, 1929

4. Comentarios Reales de los Incas (Primera Parte)

   -Inicio probable: Primer proyecto en 1586

   -Elaboración y terminación: Redacción provisional en 1595, Últimas modificaciones entre 1604-1605

   - Publicación: Lisboa, 1609

5. Historia General del Perú (Segunda Parte de los Comentarios Reales)

   -Inicio probable: Iniciada antes de 1604

   -Elaboración y terminación: Terminada en 1612

   -Publicación: Córdoba, 1617

Es importante destacar que Garcilaso concebía sus Comentarios Reales como una sola obra, aunque finalmente fue publicada en dos partes complementarias.

Fuentes: Obras del Inca Garcilaso de la Vega (1960, 1963, 1965a, 1965b, 1965c); Esteve Barba (1968); Sáenz de Santa María (1963, 1965); Pons Muzzo (1970).

En el Proemio a la Florida del Inca, Garcilaso menciona que la creación de esta obra le tomó "más de 20 años", lo que escribió en 1592. Esto nos sitúa en 1572 como el momento en que Garcilaso, bajo la protección de sus tíos en Montilla, comienza a escribir, sin que tengamos conocimiento de escritos anteriores a esa fecha. La facilidad y elegancia de su estilo, que Menéndez Pelayo resalta al describirlo como "uno de los más amenos escritores en lengua castellana", sugiere una sólida formación literaria, aunque desafortunadamente no tenemos muchos detalles sobre esta.

En la dedicatoria de su obra Diálogos de Amor al Rey Felipe, fechada el 19 de enero de 1586, Garcilaso expresa su intención de continuar escribiendo sobre la conquista de su tierra natal y extenderse sobre "costumbres, ritos y ceremonias", áreas en las que, según sus propias palabras, podía hablar mejor que cualquier otro debido a su origen. Esto sugiere que, poco después de 1586, Garcilaso pudo haber comenzado los borradores de sus obras más importantes: la primera y segunda parte de los Comentarios Reales. En 1596, en su Relación de la Descendencia de Garci Pérez de Vargas, Garcilaso menciona que ya había completado "más de la mitad de los Comentarios", lo que probablemente se refiere a la primera parte, pues siempre usó el título de Comentarios para ambas partes.

A pesar de esto, en 1600 recibió los manuscritos dañados de la obra perdida del jesuita Blas Valera, a quien cita en muchas partes de los Comentarios. Esto sugiere que, aunque la obra pudo haber estado prácticamente terminada en 1596, Garcilaso siguió realizando revisiones y adiciones hasta la entrega final para su aprobación en 1604.

La segunda parte de los Comentarios Reales, conocida posteriormente como Historia General del Perú, estaba en pleno desarrollo cuando redactó el Proemio a la primera parte, manifestando su deseo de ver la obra completa. No obstante, solo la primera parte fue publicada durante su vida, mientras que la segunda parte fue impresa en 1617, un año después de su muerte.

Objeto de su Obra:

En el Prólogo a los indios mestizos y Criollos que introduce la segunda parte de los Comentarios Reales, Garcilaso menciona tres razones clave para escribir su obra. Estas razones son válidas tanto para la primera como para la segunda parte:

1. Dar a conocer la patria, gente y nación peruana al mundo, destacando las "gloriosas empresas de los Incas". Garcilaso deseaba preservar las hazañas de los Incas y la grandeza de su historia, que, según él, no debían quedar en el olvido.  

2. Contrarrestar las versiones erróneas sobre el Perú y los Incas. Garcilaso tenía un fuerte deseo de corregir los relatos europeos que distorsionaban o subestimaban la cultura incaica.

3. Reivindicar el valor de la cultura mestiza y la memoria de los Incas, al expresar una profunda conexión con su herencia indígena y mestiza, lo que también se refleja en la adopción de su nombre "El Inca".

Estos tres motivos guían la estructura y contenido de los Comentarios Reales, que no solo son una narración de la historia del Perú, sino también una defensa de su identidad cultural.

Garcilaso se siente tanto indio como español, aunque me atrevería a decir que más indio que español. Este sentimiento lo enfatiza al decir: "... viéndome obligado de ambas naciones, porque soy hijo de un español y de una india..." (Historia de la Florida, Proemio al Lector; 1965c: 247).

Asimismo, el objetivo de "realzar las hazañas de sus personajes" es evidente en la segunda razón que menciona: "el segundo respeto y motivo de escribir esta historia fue celebrar (si no digna, al menos debidamente) las grandezas de los heroicos españoles, que con su valor y ciencia militar ganaron para Dios, para su rey y para sí, ese rico imperio..." (Garcilaso, 1960: 12). Esta motivación lo lleva a escribir la segunda parte de sus Comentarios, que narra la historia de la conquista española hasta 1560, año en que abandona Perú.

Es fundamental señalar que, para el Inca, su primer objetivo es destacar las hazañas de los reyes incas: "... que pudieron competir con los Daríos de Persia, los Ptolomeos de Egipto, los Alejandros de Grecia y los Cipiones de Roma..." (Garcilaso, 1960: 11). En un segundo plano, menciona "los hechos de los castellanos", un enfoque que sería el objetivo explícito de otros autores como Fernández de Oviedo.

No cabe duda de que el Inca sentía una conexión más profunda con su herencia indígena que con la española, tal vez como una reacción instintiva a los constantes ultrajes que sufría, tanto en las Indias como en España, donde lo motejaban de "indio". Este "orgullo indiano" se vislumbra en muchas de sus expresiones en los prólogos de sus obras, donde se autodenomina indio: "... no supe con qué responder a la obligación... sino con hacer este atrevimiento para un indio que demasiado ofrece y dedica a Vuestra Excelencia esta historia" (Garcilaso, Dedicatoria de la Historia de la Florida del Inca, a don Teodosio de Portugal, Duque de Braganza; 1965c: 245; subrayado nuestro).

Este orgullo lo lleva a afirmar, al referirse a sí mismo y a sus amigos, mestizos como él: "... para los cuales [artes y facultades] no falta habilidad a los indios naturales y sobra capacidad a los mestizos, hijos de indias y españoles, o de españolas e indios..." (Garcilaso, 1960: 11). Los escritos del Inca Garcilaso, tanto por su contenido histórico-cultural como por su valor literario, respaldan esta afirmación.

En un tercer lugar, aunque no menos importante, el Inca menciona una tercera razón que lo motiva a escribir: "la tercera causa... ha sido lograr bien el tiempo con honrosa ocupación y no malograrlo en ociosidad, madre de vicios...". Por esta misma razón, decidió escribir los Diálogos de Amor y la Historia de la Florida (Cfr. Garcilaso, 1960: 13).

Al comentar estas y otras expresiones de su autoría, podemos concluir lo siguiente:

a) Garcilaso escribe por iniciativa propia. No lo hace "de encargo" ni movido por presiones externas (personas, dinero, etc.). Lo declara explícitamente en relación con su obra La Historia de la Florida: "... ni pretendo ni espero por este largo afán de haber escrito... mercedes temporales, que muchos días ha desconfié de las pretensiones y despedí las esperanzas por la contradicción de mi fortuna" (Garcilaso, 1965c: 249, Proemio al Lector).

b) Es evidente que escribe con íntima satisfacción sobre los temas de la conquista y de la cultura e historia incaicas. No lo hace a regañadientes; al contrario, se siente a gusto. Así lo manifiesta: "En la cual ['vida quieta y pacífica', como dice], por no estar ocioso, he dado en otras pretensiones y esperanzas de mayor contento y recreación del ánimo que las de la hacienda, como fue traducir los tres Diálogos de Amor de León Hebreo y, con el mismo deleite, quedo fabricando, forjando y limando la historia del Perú, del origen de los Reyes Incas, sus antiguallas, idolatría y conquistas, sus leyes y el orden de su gobierno..." (Garcilaso, 1965c: 249-250; subrayado nuestro).

c) Garcilaso siente la necesidad de destacar las hazañas de los incas. Para ello, tal vez de forma inconsciente, minimiza o ignora las realizaciones culturales o de carácter organizativo de otros grupos étnicos conquistados por los incas. No olvidemos que él es sobrino de Huayna Cápac y nieto de Túpac Yupanqui, descendiente de los vencedores de otras tribus. Es seguro que absorbió el concepto de "supremacía de lo incaico" en el ambiente indígena cuzqueño (hijo de una palla incásica), entre sus ayllukuna (parentela), y que este concepto se vio reforzado por la lectura de las crónicas hispanas que le sirvieron de fuentes.

d) Garcilaso, en su obra, no se limita a callar lo que sabe sobre la cultura de otros grupos; más bien, ofrece un apoyo a sus propias concepciones e ideas. No hay un ocultamiento consciente de su parte. Simplemente, transmite lo que vivió y conoció. Presenció una "tradición cuzqueña oficial", moribunda en cierto sentido, pero profundamente arraigada en sus recuerdos familiares, comunitarios (ayllu) y tribales. Esta "tradición oficial" celebraba los hechos heroicos de sus líderes, minimizando los aspectos negativos o incluso las hazañas de otros caciques o señores que ya estaban sometidos al Incario.

En consecuencia, Garcilaso no falsea la historia, a pesar de las imputaciones que le hacen, sin razón, como sostiene Karsten: "le falta no solo exactitud, sino también consciencia y honestidad histórica" (1948: 27). Se deja llevar por la marea de una tradición familiar y local cuzqueña, mostrando un escaso sentido crítico y buscando entre sus fuentes más lo que respalda sus propias ideas que lo que podría contradecirlas. A esto se añade su añoranza idílica por su tierra y su lejana parentela indígena, así como el olvido de muchos aspectos de la vida indígena cuzqueña, transcurridos más de 30 años desde su separación del terruño peruano. También es relevante mencionar su confesado empobrecimiento de su lengua materna, el quechua (Garcilaso, L. II, cap. VI; 1965c: 281), y su escaso y tardío contacto con informantes residentes en Perú. Todo esto ayuda a explicar, en gran medida, la "idealización" inconsciente de los hechos de los principales protagonistas: los incas reinantes en el Tawantinsuyo y sus conquistas.

e) Garcilaso tuvo abundante tiempo para escribir, especialmente una vez que se estableció en Córdoba. Antes de esa fecha, apenas hace alusión a preocupaciones literarias o históricas. Es posible que las penurias económicas que sufrió, las cuales menciona con frecuencia, y que lo llevaron a una intensa vida dedicada al comercio durante su estancia en Montilla, le impidieron concentrarse en la escritura. Sin embargo, los ruegos de amigos y el repentino bienestar económico tras la muerte de su tía, doña Luisa Ponce de León (1588), fueron argumentos importantes, si no decisivos, para que decidiera tomar la pluma.

f) En la enumeración de las tres razones que menciona en el "Prólogo a los indios mestizos y criollos", Garcilaso omite un argumento importante que, probablemente, ya había expuesto en su "Proemio al Lector", en la primera parte de los Comentarios Reales: "Aunque ha habido españoles curiosos que han escrito sobre las repúblicas del Nuevo Mundo, como la de México y la del Perú..., no ha sido con la relación completa que de ellos se pudiera dar, lo cual he notado particularmente en las cosas escritas sobre el Perú, de las cuales, como natural de la ciudad del Cuzco, tengo más larga y clara noticia que la que hasta ahora han proporcionado los escritores" (Garcilaso, 1963: 3; subrayado nuestro).

El Inca busca complementar lo que otros cronistas ofrecen, mencionando que "los otros cronistas las escriben de forma tan breve que las entiendo mal". Al examinar sus fuentes, como veremos en el párrafo 6, se pueden identificar a los que alude. Por eso, titula "Comentarios" a su obra en dos partes, en las que "se verán clara y distintamente las cosas que en aquella república había antes de la llegada de los españoles..." (Garcilaso, Proemio al Lector, 1963: 3).

El resultado de su obra no es un mero comentario, sino una crónica en sentido estricto. Las afirmaciones que pretendía comentar o complementar se convierten en un relato y descripción totalmente coherente ("muy entendida, por ser tan clara", dirá el jesuita Francisco de Castro sobre la segunda parte de los Comentarios, en su informe del 26 de enero de 1613 al obispo de Córdoba, Fray Diego de Mardones).

Es evidente que, al intentar realzar las hazañas de los "Señores Incas" (primer motivo confesado para escribir estos Comentarios), se encuentra inmediatamente con las concepciones erróneas, imperfectas o difíciles de comprender de sus predecesores en la descripción de los sucesos del Perú y su "Historia Indica". De este modo, los dos motivos principales: a) "dar a conocer al mundo nuestra patria, gente y nación" y b) "hacer una relación completa, con más larga y clara noticia que la que hasta ahora han proporcionado los escritores", se fusionan en uno solo.

El objetivo es, en sí, muy sano y laudable. Sin embargo, surge la pregunta: ¿hasta qué punto el deseo de poner en evidencia a los héroes incaicos, "como otros Daríos, Ptolomeos, Alejandros o Escipiones", afectó la objetividad histórica de su relato? Esta es, precisamente, la principal acusación que la crítica etnohistórica e histórica actual dirige a nuestro cronista, y de la que, en verdad, no sale muy bien librado.

Su anhelo de claridad, coherencia y orden sin duda contribuyó a sacrificar muchos hechos oscuros, ya sea por su naturaleza misma o por la variabilidad de las versiones disponibles.

6. Sus fuentes:

6.1. Obras consultadas. Según Markham (1910), Garcilaso cita en las dos partes de sus Comentarios Reales a Cieza de León (1554) en 30 ocasiones, al Padre José de Acosta (1590) 27 veces, a Blas Valera, S.J., 21 veces, a López de Gómara (1552) 11 veces, a Agustín de Zárate (1555) 9 veces, a Alcobasa y Figueroa 7 veces y al Palentino (1571) 2 veces (in: Sáenz de Santa María, 1965: xxxii). Es innegable que Garcilaso manejó a estos cronistas y a otros que también menciona. Se ha encontrado incluso un ejemplar de la Historia de las Indias de López de Gómara, con anotaciones en las márgenes escritas por el propio Garcilaso (Porras Barrenechea, 1948), lo que revela su meticuloso estudio y la confrontación de ideas sobre la cultura incaica.

En cuanto a estas fuentes, las más tardías son la Historia Natural y Moral de las Indias del P. Acosta, publicada en Sevilla en 1590, y el manuscrito de Blas Valera, que Garcilaso pudo conocer entre 1596 y 1600, probablemente solo a partir de 1600. Parece que no tuvo acceso a los manuscritos de Juan de Betanzos (1551), Hernando de Santillán (1563-1564), Sarmiento de Gamboa (1572), Cabello Balboa (1586) o Fray Martín de Murúa (1590), que ya habían escrito sus obras antes de la publicación de las dos partes de los Comentarios.

Pons Muzzo (1970: 8-9) es más explícito que Markham respecto a las fuentes utilizadas por Garcilaso. Enumera las siguientes: Historia Natural y Moral de las Indias de José de Acosta, S.J. (Sevilla, 1590); Crónica del Perú de Cieza de León (Sevilla, 1553); Primera y Segunda Parte de la Historia del Perú de Diego Fernández de Palencia, conocido como "el Palentino" (Sevilla, 1571); Historia General de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo (1.ª Parte) (Sevilla, 1553); Verdadera Relación de la Conquista del Perú de Francisco de Xerez (Sevilla, 1554); Historia de las Indias de Francisco López de Gómara (Zaragoza, 1552); Historia del Descubrimiento y Conquista del Perú de Agustín de Zárate (Amberes, 1555); y algunos escritos de Polo de Ondegardo y del jesuita Blas Valera.

Se ha acusado a Garcilaso de plagiar al jesuita Valera (González de la Rosa, 1906, 1907, 1908). Aunque esta acusación fue rebatida por Riva Agüero (1910, 1912, 1916) con abundante documentación, consideramos que se ha exagerado el aporte del Padre Valera a la obra de Garcilaso. A continuación, analizaremos brevemente este punto, que tiene gran relevancia en la discusión sobre la "veracidad" de Garcilaso.

6.2. El manuscrito del Padre Blas Valera S.J. 

Entre sus fuentes de información, Garcilaso menciona, en la segunda parte de los Comentarios Reales, su consulta del manuscrito del Padre Valera. Afirma textualmente:

“A estas relaciones [de españoles e indios] se añade la que hallé en los papeles del muy curioso y elegante Padre Blas Valera, que fue hijo de uno de los que se hallaron en la prisión de Atahuallpa y nació y se crio en los confines de Cajamarca; así tuvo larga noticia de aquellos sucesos, sacados de sus originales, como él mismo lo dice. Escribía estos hechos más extensamente que los demás sucesos de la historia de aquel Reino, y muy conforme a las demás relaciones que yo tengo…” (L. I, cap. XVIII; 1970: 67).

En el Libro Primero, Capítulo VI de la primera parte de los Comentarios Reales, Garcilaso relata cómo tuvo acceso a los manuscritos de la obra que el Padre Valera estaba escribiendo por entonces: (“que [Blas Valera] escribía la historia de aquel Imperio [incaico] en elegantísimo latín”): “...se perdieron sus papeles en la ruina y saqueo de Cádiz que los ingleses hicieron en el año de mil quinientos noventa y seis, y él murió poco después. Yo obtuve de ese saqueo las reliquias que de sus papeles quedaron, para mayor dolor y lástima por los que se perdieron, que se sacan por los que se hallaron. Quedaron tan destrozados que faltaba lo más y lo mejor; hizome merced de ellos el P. M. Pedro Maldonado de Saavedra, natural de Sevilla, de la misma religión, que en este año de mil seiscientos lee Escritura en esta ciudad de Córdoba…” (L. I, cap. VI; 1963: 13).

De estos textos, se pueden extraer las siguientes conclusiones:

1. De los papeles manuscritos que quedaron, solo se conservó una pequeña parte, y esta se encuentra en un estado muy deteriorado.

2. Garcilaso los obtuvo, a más tardar, en 1600, en Córdoba.

3. Cita de acuerdo con los fragmentos que se le proporcionaron, refiriéndose a ellos como "los que se hallaron" entre el escaso material disponible.

4. Garcilaso parece aprovechar únicamente lo que cita textualmente de Valera, siguiendo su práctica habitual de citar ad litteram. Según Markham (1910), menciona a Valera solo 21 veces en el transcurso de sus obras, un número significativamente menor que las 30 menciones que le hace a Cieza, por ejemplo. Por tanto, no hay fundamento para las afirmaciones del jesuita F. Mateos en su obra Historia General de la Compañía de Jesús del Perú (1944, I: 48-54), donde sostiene que "no es aventurado afirmar que Valera es fuente principalísima de Garcilaso, y que la historia del célebre jesuita se transfiere y supervive en las elegantísimas páginas del Capitán escritor mestizo" (cit. en: Sáenz de Santa María, 1965: XXXII y LXXII). Sáenz de Santa María, también jesuita, intensifica aún más esta afirmación al señalar que "todo el mundo está de acuerdo en que los escritos latinos del jesuita chachapoyano Blas Valera constituyen el nervio de la Historia de Garcilaso..." (1963: VIII). Estamos en desacuerdo total con estas afirmaciones. Consideramos que Garcilaso encontró en Valera materiales valiosos que respaldaban muchos de sus propios puntos de vista, y por ello los menciona para reforzarlos (por ejemplo, en relación a la inexistencia de sacrificios humanos en el Perú prehispánico). Sin embargo, de ninguna manera se puede sostener que Valera constituyó "el nervio de la historia de Garcilaso", como afirma el Padre Sáenz de Santa María con excesivo entusiasmo.

5. Otros testimonios, así como un análisis interno de la obra de Garcilaso, indican que citaba sus fuentes y casi siempre lo hacía de manera literal. Un pasaje elocuente de su Historia de la Florida se refiere precisamente a su esfuerzo por citar textualmente a sus fuentes: "viendo estos dos testigos de vista, Juan Coles y Alonso de Carmona, en sus Relaciones de la Conquista de la Florida, tan conformes con ella [es decir, con mi propia narración], me pareció apropiado volver a escribir de nuevo, nombrarlos en sus lugares y referir en muchos pasajes las mismas palabras que ellos dicen, extraídas al pie de la letra, para presentar dos testigos concordantes con mi autor [es decir, con mi obra]" (Garcilaso, Proemio al Lector, 1965c: 248; subrayado nuestro).

6. Creemos tener motivos suficientes para inferir de este notable texto que Garcilaso "rehízo" algunos capítulos e intercaló referencias y citas de los documentos de Valera tan pronto como los tuvo en sus manos. Sin embargo, su obra ya estaba prácticamente terminada en ese momento. De hecho, consideramos que la primera parte de los Comentarios Reales ya estaba completada en 1596, en la fecha del saqueo de Cádiz por los ingleses (cfr. pág. VI de esta introducción y cuadro en pág. v). No es improbable que siguiera un proceso de elaboración lenta en sus obras posteriores, similar al de Historia de la Florida. Garcilaso pudo "volver a escribir algunos capítulos" para "nombrar a Valera en los lugares correspondientes y citar en muchos pasajes las mismas palabras que él dice, extraídas textualmente" (glosa de la cita anterior, aplicada a los escritos de Blas Valera).

7. Lo expuesto no excluye la posibilidad de que Garcilaso también aprovechara sus fuentes de otras maneras, como hemos demostrado en detalle en relación con una referencia no literal, además de tergiversada, de la Crónica del Perú de Cieza de León (cfr. L. VIII, cap. VI; 1963: 299 y nota 10 en este mismo estudio). Sin embargo, esta forma de utilización está muy lejos del plagio. Por el contrario, Garcilaso cita y hace referencia explícita a sus fuentes, incluso señalando el libro y el capítulo, y en este aspecto se convierte en un modelo que quisiéramos ver imitado por muchos investigadores contemporáneos.

8. Es digno de destacar que cita ad litteram a Valera incluso en aquellas afirmaciones (por ejemplo, sobre Atahualpa) en las que no coincide con su opinión (cfr. L. IX, cap. XXIII, 1963: 364). En palabras de Wedin (1966: 88-89): "es importante recalcar que reproduce de manera muy precisa el material ajeno, y esto otorga un gran valor a los argumentos de Valera en Garcilaso".

9. Otras fuentes de información: 

Una de las principales razones por las que hemos incluido a Garcilaso en este volumen, dedicado al examen de los cronistas de base indígena, es porque obtuvo importantes informaciones directamente de muchos relatores indígenas, sin recurrir a intermediarios.

En las obras de Garcilaso de la Vega, hay numerosas referencias a su infancia y juventud, momentos en los que tuvo contacto con curacas, peones de las haciendas, la servidumbre de su padre, así como con la parentela inca de su madre y otros informantes quechuas. A pesar de que Garcilaso dejó el Perú a los 20 años, es evidente que creció en un entorno claramente quichua (El Cuzco, desde 1539), poco después de la destrucción del Tawantinsuyo. En esta época, los ecos de los eventos del antiguo imperio y la conquista aún estaban presentes, lo que confiere un valor singular a sus informaciones, especialmente en lo que respecta a las primeras "relaciones interétnicas" entre conquistadores y conquistados. Sin embargo, hasta la fecha no conocemos estudios que aborden este tema con la profundidad que merece.

En el Libro I, Capítulo XV de los Comentarios Reales, Garcilaso examina "El origen de los Incas, reyes del Perú". Al considerar cómo abordar este asunto, le parece adecuado relatar lo que ha escuchado desde su niñez. Esta referencia nos brinda una visión del grado de compenetración de Garcilaso con la vida y cultura de los Incas:

"Residía mi madre en el Cuzco, su patria, y cada semana recibía la visita de algunos parientes que habían escapado de las crueldades y tiranías de Atahualpa. En estas visitas, sus pláticas giraban en torno al origen de sus reyes, a la majestad de ellos, a la grandeza de su imperio, sus conquistas y hazañas, así como a las leyes que ordenaban en beneficio de sus vasallos. No dejaban de comentar sobre las prosperidades pasadas y concluían llorando por la pérdida de su reino y la ruina de su república. Estas conversaciones, cargadas de nostalgia y lamento, eran frecuentes, y yo, como muchacho, entraba y salía del lugar, deleitándome con sus relatos, como quien escucha fábulas. Así, mientras pasaban días, meses y años, cuando tenía alrededor de dieciséis o diecisiete años, un día, mientras hablaban de sus reyes y antiguallas, le pregunté al anciano de la conversación: 'Inca, tío, dado que entre vosotros no hay escritura, que es la que guarda la memoria de las cosas pasadas, ¿qué noticias tenéis del origen y principio de nuestros reyes?'" (Garcilaso de la Vega, 1963: 25-26).

En esta cita se pueden destacar varios aspectos:

a) La cercanía de Garcilaso con su parentela de origen inca. 

b) La frecuente conversación sobre el antiguo imperio, recordando hechos pasados y presentando la historia de su raza a los jóvenes indios y mestizos. 

c) El creciente interés de Garcilaso por estos temas. 

d) El modo típico de transmisión de la tradición oral en un pueblo sin escritura.

No es este el único pasaje donde se evidencia el contacto de Garcilaso con sus informantes indígenas. Otras citas ilustran esta relación: "Conocí a otros Incas y pallas, que no pasarían de doscientos, de la misma sangre real, de menos renombre que los mencionados; de los cuales he dado cuenta porque fueron hijos de Huayna Capac", dice, refiriéndose a los miembros de la casa real incaica que escaparon de la matanza de Atahualpa (L. IX, cap. XXXVIII; 1963: 381). También menciona que Atahualpa "recibió su nombre en el Cuzco, donde llevó a cabo grandes crueldades y tiranías" (L. IX, cap. XXIII; 1963: 364).

En relación con el sistema de contabilidad basado en los quipus, Garcilaso de la Vega anota una observación que revela quiénes fueron sus informantes durante su infancia y juventud: "Yo traté los quipus y ñudos con los indios de mi padre y con otros curacas, cuando, por San Juan y Navidad, venían a la ciudad a pagar sus tributos. Los curacas ajenos rogaban a mi madre que me enviara para que cotejara sus cuentas... y de este modo adquirí conocimiento tanto de ellos como de los indios" (L. IV, cap. IX; 1963: 205-206).

Garcilaso menciona frecuentemente a personajes incas o conquistadores con la frase: "Yo los conocí a ambos... También conocí a la madre de Paullu, que se llamaba Añas" (L VI, cap. II; 1963: 196). Esto constituye una prueba fehaciente de su contacto directo con personas y elementos del antiguo Incario.

Sin embargo, a pesar de la abundancia de información histórica que ofrece, lo que Garcilaso respalda con su testimonio personal o con el de sus conocidos es notablemente menor. Parece que, en cada oportunidad, Garcilaso intenta incluir su propia experiencia (ya sea directa o indirecta), aunque esta es bastante escasa en comparación con la cantidad de información que presenta. No obstante, hay capítulos en los que su testimonio resulta especialmente valioso, sobre todo cuando describe cultivos (autóctonos o alóctonos) y animales (domesticados o salvajes) que existían en el antiguo Incario o que fueron traídos por los españoles. En estos capítulos (cfr. L. VIII, caps. IX al XXV; L. IX, caps. XVI al XXXI), se destaca su notable capacidad de observación y su memoria privilegiada. Si Garcilaso hubiera anticipado que escribiría sobre los hechos de los Incas antes de cumplir 20 años, seguramente habría tomado notas cuidadosas, tal como lo hizo Cieza, quien comenzó a plasmar sus recuerdos "en romance" al alcanzar aproximadamente los 60 años.

Por último, mencionaremos su contacto epistolar tardío con algunos descendientes de las panacas incaicas. Varios de estos descendientes escribieron a la corte solicitando la exención de tributos debido a su ascendencia incaica. La carta, que Garcilaso recibió y envió a don Melchor Carlos Inca y a Alonso de Mesa en Valladolid, está fechada el 16 de abril de 1603. Como prueba de su genealogía, incluía un lienzo "pintado en vara y media de tafetán blanco de la China, que representaba el árbol real, descendiendo desde Manco Cápac hasta Huayna Cápac y su hijo Paullu. Los Incas aparecían pintados con su traje antiguo..." (L. IX, cap. XL; 1963: 384). La carta fue firmada por "once Incas, cada uno de los cuales firmó en nombre de su respectiva línea familiar, utilizando sus nombres de bautismo y sobrenombres" (Garcilaso, L. IX, cap. XL, ibid.).

Esta correspondencia esporádica y tardía (no debieron ser más de dos o tres cartas sobre el tema) constituye una excepción única en cuanto a la información que recibió. Garcilaso parece valorar tanto este contacto que no duda en dedicar todo un capítulo —el XL del Libro IX, el último de su obra— a hablar de "la descendencia que ha quedado de la sangre real de los Incas" (Garcilaso, 1963: 384-385). Aquí observamos un prolongado hiato entre la información obtenida por experiencia antes de 1560 (fecha de su viaje a España) y 1603, año de la carta mencionada. La cuidadosa lectura y cita de los 9, 6 y 10 cronistas que incluye en sus Comentarios Reales, especialmente de Acosta, Cieza y Blas Valera, le sirvieron para "rellenar" su relato.

Según Wedin (1966: 88), esta carta de las panacas reales incaicas es el único contacto de veracidad indiscutible que Garcilaso ha tenido con el Perú y "parece haber ejercido una influencia bastante limitada en la redacción de su obra".

Garcilaso también recibió numerosos informes de españoles, testigos contemporáneos de los hechos que relata. Detallar estos informes sería extenso y requeriría un análisis particular. Lo más auténtico de su obra es, como se ha mencionado, aquello que se encuentra impregnado de sus recuerdos personales o de relatos de testigos hispanos (o indígenas) que narran hechos, especialmente contemporáneos o inmediatamente posteriores a la conquista. Consideramos que sus interacciones con conquistadores o testigos inmediatos de los acontecimientos, a los que hace referencia en varias ocasiones, deberían ser analizadas en profundidad, ya que este examen podría revelarnos más de una sorpresa.

Compilado y hecho por Lorenzo Basurto Rodríguez

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