Tras las huellas de Betanzos: genealogía, viaje y destino de un cronista del Perú
Se ha escrito mucho sobre la figura
de Juan de Betanzos desde el hallazgo del manuscrito de Palma de Mallorca; sin
embargo, su perfil histórico continúa siendo en gran medida desconocido,
especialmente en lo que respecta a los años que pasó en España y a los primeros
momentos de su llegada a las Indias. Se ignoran aún el lugar exacto de su
nacimiento, la actividad que desempeñaba en la Península y las razones que lo
impulsaron a trasladarse al Nuevo Mundo. Tampoco se sabe con certeza cuándo
realizó el viaje, ya que su nombre no figura en los Libros de Pasajeros a
Indias, ni en qué lugar se asentó al pisar tierra americana.
El conocimiento más sólido sobre
Betanzos comienza cuando se avecindó en el Cusco, donde actuó como lengua o
intérprete de los primeros gobernadores del Perú y como intermediario con los
incas rebeldes de Vilcabamba. No obstante, esos datos se refieren casi
exclusivamente a su papel oficial, y son escasas las noticias que aportan
detalles sobre su vida personal. En esta edición de la Suma y narración...,
aunque muchas incógnitas continúan sin resolverse por la falta de fuentes,
intentaré arrojar algo de luz sobre ciertos aspectos de su pasado aún oscuro.
Conviene empezar por una cuestión
llamativa: en el prólogo y en el capítulo final de su crónica, Betanzos se
identifica únicamente con este apellido, omitiendo la primera parte de su
nombre compuesto, Díez de Betanzos. Investigaciones recientes confirman
que los Díez de Betanzos procedían de la villa homónima en La Coruña y que
descendían del linaje de los Andrade. Según el canónigo Pedro Vitales, Diego
Núñez de Andrade, hijo de Nuño Freyre de Andrade, señor de Puentedeume,
Villalba y El Ferrol, fue castellano —es decir, señor o alcaide— de la
fortaleza de Betanzos y contrajo matrimonio con doña Ana de Vargas. Sus
descendientes, en atención a este hecho, adoptaron el apellido Betanzos en
sustitución del de Andrade. La otra parte del apellido, Díez o Díaz
—considerados equivalentes y con el mismo blasón—, deriva de Diego. El propio
canónigo señala que Gonzalo Díaz de Betanzos fue el primero en usarlo y que
algunos de sus descendientes emigraron a Chile, lo que revela una temprana
vocación americanista en la rama paterna del cronista.
El segundo apellido de Betanzos,
hasta ahora poco conocido, parece haber sido Arauz. Este patronímico procede de
Oñate, en el partido judicial de Vergara, provincia de Guipúzcoa. Allí
existieron dos ramas nobiliarias, surgidas de un mismo tronco, que hicieron
hereditario el nombre de Juan. Uno de sus descendientes, Juan de Araoz
Lazárraga y Elórregui —activo a comienzos del siglo XVI— pasó a América al
servicio de la monarquía y recibió del rey el grado de capitán. En el siglo
siguiente, algunos de sus descendientes también emigraron a Chile. Así pues,
tanto por la línea paterna como por la materna, la familia de Betanzos mostraba
una clara inclinación americanista.
De las genealogías conocidas se
desprende que Juan de Betanzos pertenecía a dos familias de notable importancia
en el norte de España. Sin embargo, al firmar únicamente con el apellido Betanzos,
resulta difícil precisar cuáles eran. Se desconocen las razones que lo llevaron
a ello; acaso la explicación radique en que Diez de Betanzos resultaba
demasiado largo, mientras que el solo Betanzos era más breve, fácil de
pronunciar y suficiente para señalar su origen hispano. Además, en un contexto
tan distante de la Península, donde los linajes no tenían gran valor en el
trato cotidiano —aunque oficialmente se apreciaran—, bastaba con ese
patronímico. No deja de ser llamativo, sin embargo, que en la Suma y
narración..., obra escrita a petición de un virrey, el cronista no
destacara la alcurnia de sus ascendientes, lo cual hubiera servido al menos
para dejar constancia de sus raíces familiares.
Resulta igualmente curioso que en la
documentación legal nunca figure el segundo apellido Arauz, ni siquiera
en la Cédula otorgada en 1548 por el pacificador Pedro de La Gasca. No
obstante, dicho apellido sí aparece en un pleito promovido el 7 de marzo de
1576 por María Diez de Betanzos Yupanqui —hija del cronista y de la princesa
Angelina— contra su medio hermano Ruy Diez de Betanzos Velasco, a quien
reclamaba cuatrocientos pesos anuales por alimentos. En ese litigio, un testigo
de sesenta años, Hernando Solomo, menciona en dos ocasiones el apellido Arauz.
En la primera, quizá por error del testigo o del escribano, se lee “Juan
Diez de Arauz de Betanzos”; en la segunda, en cambio, los nombres y
apellidos aparecen correctamente: Juan Diez de Betanzos e Arauz.
El hecho de haberse identificado
solo con el apellido Betanzos explica que, desde el hallazgo de los
primeros capítulos de la crónica por Jiménez de la Espada, se haya asumido que
nació en la localidad gallega de igual nombre. Más tarde, a raíz de dos cartas
relativas a un escribano de Valladolid llamado también Juan de Betanzos
—residente hacia 1539 en Santo Domingo—, sugerí en mi edición de 1987 la
hipótesis de que se tratara del mismo autor de la Suma y narración....
Aunque algunos historiadores han rechazado duramente esta propuesta, basándose
en argumentos endebles y sin pruebas documentales, ninguno ha logrado aclarar
la identidad de ese homónimo presente en las Indias en los mismos años que
nuestro cronista.
Hoy, aun contando con nuevas fuentes
sobre su vida, sigo considerando posible que ambos Betanzos fueran la misma
persona. Existen evidencias de su participación en los sucesos ocurridos en
Lima hacia 1536 y, más tarde, desde 1541, cuando ya actuaba como intérprete de
Vaca de Castro. No obstante, el período intermedio de cinco años permanece sin
rastro documental que confirme su estancia en Perú. Por otro lado, las fuentes
sugieren que Betanzos tenía un carácter inquieto y una notable facilidad para
trasladarse de un lugar a otro. No resultaría extraño, entonces, que tras su
intervención en el cerco de Lima —una vez concluida la conquista, sin ocupación
fija ni compromisos matrimoniales— hubiese marchado a Santo Domingo para
ejercer como escribano, aunque de manera no oficial, y que en torno a 1541
regresara nuevamente al Perú. En cualquier caso, mientras no aparezca nueva
documentación, esta sigue siendo una de las incógnitas que envuelven la vida
del cronista.
Hoy, a la luz de su vinculación con
Guipúzcoa, cabe plantear una nueva hipótesis: la posibilidad de que Betanzos
fuera también de origen vasco. Es factible que su madre se hubiera casado con
un Diez de Betanzos y que de esa unión naciera el cronista en Oñate. No
obstante, no existen pruebas concluyentes que lo confirmen. Lo cierto es que la
pareja llamó a su hijo Juan, nombre característico de las antiguas familias
asentadas en dicha localidad vasca. En lo que respecta a su origen, lo único
que parece relativamente claro —según la información contenida en el pleito ya
mencionado— es su ascendencia gallega y, posiblemente, vasca. Sin embargo, los
testimonios recogidos resultan insuficientes para precisar con certeza la
ciudad o el pueblo natal de Betanzos; el lugar, por ahora, permanece oculto en
las sombras del pasado.
Otra incógnita en torno al autor de
la Suma y narración... es la fecha de su nacimiento. Se ha especulado
recientemente que pudo haber nacido en 1519, aunque no existe constancia
documental alguna que lo avale. Con igual ligereza se ha propuesto que llegó al
Perú en 1535.
El litigio promovido por sus hijos, María
y Ruy, no aporta datos sobre la edad ni la fecha de nacimiento de su padre. Sin
embargo, un detalle resulta útil: la mayoría de los testigos mejor informados
de su vida declararon tener alrededor de sesenta años en 1576. Esto permite
suponer que Betanzos tendría entonces una edad semejante; en consecuencia,
habría nacido entre 1516 y 1519.
El manuscrito que contiene la ya
citada Cédula del 28 de agosto de 1548 —por la cual Pedro de La Gasca le otorgó
la encomienda de Caquixane, en el Collao, como recompensa por los gastos
asumidos en la pacificación del Perú— ofrece información adicional. En ella, el
pacificador afirma que Juan de Betanzos “ha residido en estos reinos más de
quince años”, lo que situaría su llegada hacia 1532 o 1533. Todo indica que al
hablar de “estos reinos” La Gasca se refiere específicamente al Perú, pues en
varias ocasiones emplea esa misma fórmula para designar el territorio del
antiguo Imperio incaico. Así, Betanzos habría arribado al Perú en esas fechas
con entre diecisiete y veinte años de edad. El propio documento confirma además
que se hallaba en Lima cuando, en agosto de 1536, las tropas de Manco Inca
sitiaron la ciudad; entonces debía de tener entre veinte y veintitrés años.
La Cédula aporta otros datos de
interés sobre su persona. Señala, por ejemplo, que Betanzos era hijodalgo y
real vasallo de la Corona, y que a su costa mantuvo armas y caballos para la
defensa de Lima durante el asedio. Este hecho refuerza la idea de que
pertenecía a familias de cierto rango, como lo sugieren tanto sus antecedentes
paternos y maternos. Asimismo, el documento constata que acompañó a Francisco
Pizarro a la provincia de Nazca, lo que confirma su temprana participación en
los hechos de la conquista.
Conviene aclarar que, pese a lo que
se ha afirmado acerca de que Betanzos fue intérprete del Marqués y que de ese
oficio habría nacido una estrecha amistad entre ambos, la Cédula de La Gasca no
menciona nada semejante. Por el contrario, de su texto se desprende que el
vínculo con Pizarro surgió a raíz de la ayuda que Betanzos le prestó como
hijodalgo, poniendo a disposición armas y caballos de su propiedad. Lo que sí
consta es que su labor de intérprete comenzó con el gobernador Vaca de Castro,
gracias a quien “tomaba entendimiento de cualquier negocio y cosas de lo que
los señores naturales de estos reinos con él querían negociar y negociaron”.
Posteriormente, desempeñó el mismo papel con el virrey Blasco Núñez de Vela, a
quien acompañaba en el momento de su captura por las tropas pizarristas. Más
tarde ejerció también de intérprete de Gonzalo Pizarro y llegó a participar
activamente, en calidad de soldado, en la rebelión que éste encabezó entre 1544
y 1548.
Del documento se deduce, además, que
Betanzos residió en Lima durante todo ese tiempo. Solo tras la proclamación de
Gonzalo Pizarro como gobernador por la fuerza abandonó la ciudad y partió hacia
el Cusco. Desde allí, enterado de la llegada de la Real Armada al puerto de
Santa, se unió a ella y proporcionó a sus capitanes una “razón y cuenta
verdadera” del estado en que se hallaban los asuntos del reino y de la posición
del propio Pizarro, con el fin de orientar las acciones hacia la pacificación.
La Cédula refiere también que, una vez en Santa, Betanzos se incorporó
formalmente a la Real Armada, sirviendo a la Corona hasta llegar a la Ciudad de
los Reyes, desde donde marchó a Chaquizaguay para ponerse bajo las órdenes de
La Gasca.
Aunque la cronología que se
desprende de la Cédula difiere en algunos aspectos de la que ofrecen otras
fuentes, lo cierto es que, en esas circunstancias, Betanzos se pasó al bando
real. Según el propio pacificador, bajo su mando volvió a ejercer de intérprete
en “las cosas que a los caciques y señores de estos reinos se ofreció”. La
Gasca subraya incluso que Betanzos fue el primer hombre en abandonar el
ejército de Gonzalo Pizarro, aportando noticias cruciales sobre el desarrollo
de la guerra en el campo enemigo.
Todos los hechos relatados en la
Cédula de La Gasca son verídicos, aunque es evidente que fueron presentados de
manera algo retocada, con el fin de resaltar los méritos y servicios de
Betanzos y así justificar la concesión de la encomienda que dio origen al
documento. Cierto es que participó en el cerco de Lima: la minuciosa descripción
del asedio que dejó en la Suma y Narración... confirma que estuvo
presente en la defensa de la ciudad, aunque él mismo no lo declare
explícitamente. Sin embargo, respecto a la rebelión de Gonzalo Pizarro, parece
más acertada la siguiente reconstrucción cronológica: tras la promulgación de
las Leyes Nuevas y la llegada en 1543 del primer virrey Blasco Núñez de Vela,
encargado de aplicarlas, Gonzalo —el hermano menor de Francisco Pizarro— se
levantó en armas. En esos primeros momentos, como la mayoría de encomenderos
del Perú, Betanzos se sumó a su causa y trabajó activamente en favor de la
rebelión.
Entre los principales hacendados que
apoyaron a Gonzalo figuraba Francisco de Carvajal, antiguo militar de renombre
y exalcalde del Cusco, quien pronto se convirtió en Maestre de Campo del
ejército rebelde. Pese a su cargo, era odiado y temido por las rapiñas y
crueldades que cometía. No obstante, por razones que se desconocen, Betanzos
fue amigo suyo y permaneció a su lado casi hasta los últimos compases de la contienda.
El cronista Pedro Gutiérrez de Santa
Clara refiere una anécdota ilustrativa: en una casa se fraguaba una conjura
contra Carvajal, cuando Betanzos entró, ignorante de la situación, únicamente
para hablar con la dueña. Al percibir el murmullo de los presentes, salió sin
decir palabra. Los conjurados, temiendo haber sido descubiertos, creyeron que
Betanzos era un espía del Maestre de Campo, pues lo tenían por su “amigo y
paniaguado”, y sospecharon que había acudido a informarse sobre la conjura.
Quizá por este testimonio se ha
mantenido la idea de que Betanzos fue “paniaguado” de Carvajal. El término
designa a quien sirve en una casa a cambio de sustento y salario, o a quien se
vincula a un poderoso de quien recibe protección. Sin embargo, a la luz de lo
que sabemos, resulta difícil sostener tal calificación. Betanzos había costeado
con sus propios recursos caballos y armas en la defensa de Lima, lo que
implicaba mantener el equipamiento de sus hombres y, con toda probabilidad,
pagar sus sueldos. Más aún, hacia esos años ya estaba casado con doña Angelina,
princesa inca bautizada, quien aportó al matrimonio cuantiosos bienes. En ese
contexto, parece inverosímil que un hombre de su posición pudiera ser
considerado un simple “paniaguado” de Carvajal.
No cabe duda de la amistad que
existió entre Carvajal y Betanzos, pues se cuenta que el primero llegó a
nombrarlo capitán de una escolta compuesta por un grupo de arcabuceros, con la
misión de seguir a los soldados enviados a la provincia de Chile para evitar
que cometieran abusos, violencias y saqueos en los pueblos de indios y
estancias por donde pasaban. Esta escolta, formada en 1546 para proteger a los
naturales, llegó hasta Tarapacá y posteriormente regresó a Lima.
Cabe preguntarse si la relación
entre Carvajal y Betanzos se inició durante la estancia de ambos en el Cusco o
a través de Gonzalo Pizarro. La lectura de la Suma y narración deja ver
con claridad la admiración y respeto que el cronista sentía por el Marqués;
sentimientos que, tras la muerte de éste, probablemente trasladó al hermano
menor, en parte por ser el único miembro sobreviviente de la familia en el
Perú. De ahí que, moralmente, Betanzos se sintiera obligado a unirse a su
causa. Sin embargo, además de la amistad y la lealtad hacia los Pizarro,
también pudieron influir su deseo de salvaguardar la hacienda de su esposa
Angelina y, sin duda, su espíritu aventurero, que difícilmente le habría
permitido mantenerse al margen de la revuelta. Todo ello explicaría que
participara activamente en la rebelión, incluso arriesgando la vida, como
sucedió en agosto de 1547, cuando Juan de Acosta —uno de los hombres de máxima
confianza de Gonzalo Pizarro, ya proclamado gobernador— lo envió desde Trujillo
con una carta para su jefe, en compañía del intérprete indígena don Martín.
Ambos fueron capturados en el camino, cerca del pueblo de Santa, por seguidores
de La Gasca. Pero lejos de ser condenado como rebelde, Betanzos supo sacar
provecho de aquella difícil coyuntura, y con gran probabilidad fue entonces
cuando se pasó a la Armada del Pacificador.
La versión que ofrece la Cédula de
La Gasca, sin embargo, es distinta: sostiene que, tras proclamarse gobernador
Gonzalo Pizarro, el cronista abandonó Lima rumbo al Cusco y de allí marchó a
Santa, donde se hallaba la Real Armada. Este testimonio no parece del todo
cierto. Es probable que, para entonces, Betanzos ya no aceptara a un Pizarro
ensoberbecido, cuyos iniciales planteamientos revolucionarios —basados en los
conflictos suscitados por la aplicación de las Leyes Nuevas— habían quedado en
nada tras la moderación dictada por la Corona. A esas alturas, Gonzalo apenas
contaba con el apoyo de los conquistadores y, a pesar de ello, aspiraba a
proclamarse rey. Ya no era el caudillo salvador, sino un rebelde que buscaba
imponer un régimen despótico en el Perú, y que en poco tiempo había mandado
ejecutar a más de trescientos cuarenta españoles disidentes.
Aun así, aunque Betanzos
probablemente pensara de ese modo, pudo haber continuado en sus filas,
consciente de lo difícil que resultaba abandonarlas mientras dependiera
directamente del implacable Carvajal. Con astucia, supo esperar la oportunidad
propicia para pasarse al bando realista, como ya lo hacían muchos encomenderos
que en un principio habían apoyado a Gonzalo. Todo indica que esa ocasión se
presentó precisamente cuando fue hecho prisionero en Santa.
Según relata la Cédula, tras incorporarse
Betanzos al ejército realista sirvió a La Gasca como intérprete, transmitiendo
las noticias que los indígenas llevaban acerca de Gonzalo Pizarro y sus
capitanes. Cuando el Pacificador supo que los rebeldes se encontraban en el
valle de Jaquijahuana, organizó sus tropas y marchó a su encuentro. El
enfrentamiento tuvo lugar el 9 de abril de 1548, y en él Betanzos combatió “en
la vanguardia de la manga del escuadrón de Su Majestad”. Finalmente, La Gasca
justificó en la Cédula que el cronista había sufrido cuantiosos gastos durante
la guerra y que deseaba establecerse de manera definitiva en el Perú; como
recompensa a sus servicios y en reconocimiento a su lealtad, le otorgó el
repartimiento de Caquixane, en el Collao, el 5 de noviembre de 1548.
Cabe recordar que, antes de esa
merced, el 17 de agosto del mismo año, en el asiento de Guarina, La Gasca había
repartido ciento treinta y cinco mil pesos ensayados de renta, que estaban
“vacos”, entre los caballeros, capitanes y soldados que lo habían apoyado en Jaquijahuana,
y que de ese monto Betanzos recibió también cien pesos. Desde entonces, pasó a
ser titular de una encomienda propia, cuando hasta entonces se había ocupado
únicamente de administrar los bienes de su esposa. Con ello se pueden
distinguir dos etapas en su vida: la primera, marcada por la aventura y la
intensa actividad militar, que se extiende desde su llegada al Perú hasta 1548;
y la segunda, que va desde ese año hasta su muerte en 1576, caracterizada por
su condición de hacendado asentado en el Cusco. No obstante, ambas fases tienen
un hilo conductor: la escritura.
La misma Cédula señala que ya en
1548 había traducido la Doctrina cristiana a la lengua de los naturales,
y no debe olvidarse que en 1542 había participado en la información de los Quipucamayos
ordenada por Vaca de Castro. A pesar de las responsabilidades derivadas de su
papel de encomendero y de sus afanes como cronista, Betanzos nunca perdió el
espíritu aventurero. Así lo demuestra en 1557, cuando, con algo más de cuarenta
años, se ofreció al virrey marqués de Cañete para internarse en la selva con la
misión de negociar la salida de los Incas rebeldes de Vilcabamba, a sabiendas
de lo penoso y arriesgado del viaje, sobre todo para alguien que ya era
considerado mayor en aquella época.
No es posible precisar la fecha en
que se estableció definitivamente en el Cusco. La Cédula sugiere que residía en
la Ciudad de los Reyes en los primeros años de la década de 1540, ejerciendo
como intérprete de Vaca de Castro, del virrey Blasco Núñez de Vela y, tras la
muerte de éste, de Gonzalo Pizarro. En el pleito entre María y su hermano Ruy,
un testigo declaró que Betanzos y doña Angelina Yupanqui se habían casado en
Lima, mientras otro afirmaba que los unió en matrimonio el propio Vaca de
Castro. Según La Gasca, cuando Gonzalo Pizarro se proclamó gobernador, Betanzos
abandonó Lima para instalarse en el Cusco “por no hacer con él la rebelión en
contra mía”. Sin embargo, ya en 1542, al redactarse la Relación de los
Quipucamayos, aparece mencionado como vecino del Cusco. ¿Cabe entonces
suponer que su residencia estaba fijada en la antigua capital incaica y que
viajaba a Lima únicamente cuando sus servicios de intérprete eran requeridos?
Tampoco puede precisarse cuándo
aprendió el quechua, aunque es evidente que hacia 1542 lo dominaba con soltura,
al punto de intervenir en la Relación de los Quipucamayos. Su
competencia debió afianzarse gracias a sus labores como traductor para las
autoridades y, sobre todo, a su matrimonio con la ñusta Cuxirimay Ocllo, doña Angelina,
lo que lo vinculó directamente con la panaca real de la que ella formaba parte.
Como encomendero, parece haber combinado el cuidado de las haciendas de su
esposa y de las dos encomiendas que ambos poseían con sus funciones de
intérprete, sin abandonar la redacción de su crónica.
En este contexto, resulta
comprensible que, movido por su conocimiento del idioma, su vocación de
cronista y su espíritu inquieto, acudiera en 1557 a Lima para solicitar al
virrey marqués de Cañete que lo enviara a Vilcabamba. El virrey Andrés Hurtado
de Mendoza aceptó la propuesta y, como cuenta Betanzos en el último capítulo de
su obra, lo proveyó de valiosos presentes con los cuales sería más sencillo
lograr la salida de los Incas rebeldes.
Como se ha señalado, del cierre de
la crónica parece deducirse que Betanzos pensaba relatar en detalle aquella
misión; sin embargo, se desconoce si llegó a hacerlo, pues hasta hoy no se han
hallado tales noticias. Lo que sí consta es que emprendió la embajada
acompañado por el fraile dominico Melchor de los Reyes. Ambos intentaron
ingresar primero por Guamanga y, al no lograrlo, lo intentaron nuevamente desde
Andahuaylas, pero tampoco tuvieron éxito, ya que los capitanes del Inca Sayri
Túpac mantenían cortados los caminos. Informado de la situación, el corregidor
del Cusco ordenó el regreso de los expedicionarios y organizó una nueva
embajada, esta vez reforzada con la participación de Mancio Serra de Leguízano,
hijo del célebre conquistador homónimo y sobrino de la coya doña Beatriz. Sería
prolijo detenerse en los detalles de aquella negociación llevada a cabo en la
selva; baste señalar que, como resultado, Sayri Túpac abandonó Vilcabamba y,
tras entrevistarse en Lima con el virrey marqués de Cañete, se estableció en
Yucay.
No cabe duda de que, gracias a su
labor de intérprete y a la participación en aquellos sucesos, Betanzos alcanzó
un notable prestigio, particularmente entre la sociedad indígena. De ahí que,
cuando Sayri Túpac murió en julio o agosto de 1560, el licenciado Polo de
Ondegardo, corregidor del Cusco, lo enviara a Vilcabamba junto con Martín de
Pando para certificar ante Tito Cusi Yupanqui que su medio hermano había
fallecido de muerte natural. Betanzos contaba entonces entre cincuenta y dos y
cincuenta y cinco años de edad.
Sin embargo, no todo fueron bonanzas
en su vida. Poco después de iniciarse la segunda mitad del siglo XVI debió
perder a su esposa Angelina. Se desconoce cuánto tiempo permaneció viudo ni en
qué momento contrajo segundas nupcias con la española Catalina Velasco, aunque
existen testimonios que aseguran que de esa unión nacieron tres hijos, aún
pequeños al momento de la muerte del cronista. También permanecen en la
penumbra los motivos por los que, llegado el final de su vida, Betanzos se
hallaba casi sin bienes y agobiado por las deudas. Declaraciones de María, su
hija con Angelina, indican que al morir el 1 de marzo de 1576 la familia no
disponía de recursos ni siquiera para costear el entierro y la sepultura. Catalina,
su segunda esposa, testificó que no había dejado propiedades ni muebles, y que
su hijo Ruy se vio obligado a asumir las deudas contraídas por el padre.
Tales afirmaciones resultan
sorprendentes si se considera que Angelina había heredado numerosas propiedades
de Francisco Pizarro, las cuales Betanzos administró tras la muerte de su
esposa, hasta que su hija alcanzó la mayoría de edad y pudo disfrutar de la
herencia materna. Sin embargo, en las pruebas del litigio, María aseguró que su
padre se había desprendido de la mayor parte de sus bienes, y algunos testigos
confirmaron que el cronista les manifestó su intención de vender todas las
tierras del valle de Yucay —e incluso de donarlas a monasterios e iglesias si
no encontraba compradores.
Se desconoce qué conflictos
familiares lo llevaron a tomar tales decisiones; quizá se relacionen con la
época en que, disgustado con su hija, llegó a desheredarla. Cualesquiera que
fueran los motivos, lo cierto es que Betanzos terminó sus días empobrecido y
cargado de deudas. Este constituye, sin duda, otro de los enigmas que rodean la
vida de tan singular personaje.
Hecho y compilado por Lorenzo
Basurto Rodríguez
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