Tras las huellas de Betanzos: genealogía, viaje y destino de un cronista del Perú

Se ha escrito mucho sobre la figura de Juan de Betanzos desde el hallazgo del manuscrito de Palma de Mallorca; sin embargo, su perfil histórico continúa siendo en gran medida desconocido, especialmente en lo que respecta a los años que pasó en España y a los primeros momentos de su llegada a las Indias. Se ignoran aún el lugar exacto de su nacimiento, la actividad que desempeñaba en la Península y las razones que lo impulsaron a trasladarse al Nuevo Mundo. Tampoco se sabe con certeza cuándo realizó el viaje, ya que su nombre no figura en los Libros de Pasajeros a Indias, ni en qué lugar se asentó al pisar tierra americana.

El conocimiento más sólido sobre Betanzos comienza cuando se avecindó en el Cusco, donde actuó como lengua o intérprete de los primeros gobernadores del Perú y como intermediario con los incas rebeldes de Vilcabamba. No obstante, esos datos se refieren casi exclusivamente a su papel oficial, y son escasas las noticias que aportan detalles sobre su vida personal. En esta edición de la Suma y narración..., aunque muchas incógnitas continúan sin resolverse por la falta de fuentes, intentaré arrojar algo de luz sobre ciertos aspectos de su pasado aún oscuro.

Conviene empezar por una cuestión llamativa: en el prólogo y en el capítulo final de su crónica, Betanzos se identifica únicamente con este apellido, omitiendo la primera parte de su nombre compuesto, Díez de Betanzos. Investigaciones recientes confirman que los Díez de Betanzos procedían de la villa homónima en La Coruña y que descendían del linaje de los Andrade. Según el canónigo Pedro Vitales, Diego Núñez de Andrade, hijo de Nuño Freyre de Andrade, señor de Puentedeume, Villalba y El Ferrol, fue castellano —es decir, señor o alcaide— de la fortaleza de Betanzos y contrajo matrimonio con doña Ana de Vargas. Sus descendientes, en atención a este hecho, adoptaron el apellido Betanzos en sustitución del de Andrade. La otra parte del apellido, Díez o Díaz —considerados equivalentes y con el mismo blasón—, deriva de Diego. El propio canónigo señala que Gonzalo Díaz de Betanzos fue el primero en usarlo y que algunos de sus descendientes emigraron a Chile, lo que revela una temprana vocación americanista en la rama paterna del cronista.

El segundo apellido de Betanzos, hasta ahora poco conocido, parece haber sido Arauz. Este patronímico procede de Oñate, en el partido judicial de Vergara, provincia de Guipúzcoa. Allí existieron dos ramas nobiliarias, surgidas de un mismo tronco, que hicieron hereditario el nombre de Juan. Uno de sus descendientes, Juan de Araoz Lazárraga y Elórregui —activo a comienzos del siglo XVI— pasó a América al servicio de la monarquía y recibió del rey el grado de capitán. En el siglo siguiente, algunos de sus descendientes también emigraron a Chile. Así pues, tanto por la línea paterna como por la materna, la familia de Betanzos mostraba una clara inclinación americanista.

De las genealogías conocidas se desprende que Juan de Betanzos pertenecía a dos familias de notable importancia en el norte de España. Sin embargo, al firmar únicamente con el apellido Betanzos, resulta difícil precisar cuáles eran. Se desconocen las razones que lo llevaron a ello; acaso la explicación radique en que Diez de Betanzos resultaba demasiado largo, mientras que el solo Betanzos era más breve, fácil de pronunciar y suficiente para señalar su origen hispano. Además, en un contexto tan distante de la Península, donde los linajes no tenían gran valor en el trato cotidiano —aunque oficialmente se apreciaran—, bastaba con ese patronímico. No deja de ser llamativo, sin embargo, que en la Suma y narración..., obra escrita a petición de un virrey, el cronista no destacara la alcurnia de sus ascendientes, lo cual hubiera servido al menos para dejar constancia de sus raíces familiares.

Resulta igualmente curioso que en la documentación legal nunca figure el segundo apellido Arauz, ni siquiera en la Cédula otorgada en 1548 por el pacificador Pedro de La Gasca. No obstante, dicho apellido sí aparece en un pleito promovido el 7 de marzo de 1576 por María Diez de Betanzos Yupanqui —hija del cronista y de la princesa Angelina— contra su medio hermano Ruy Diez de Betanzos Velasco, a quien reclamaba cuatrocientos pesos anuales por alimentos. En ese litigio, un testigo de sesenta años, Hernando Solomo, menciona en dos ocasiones el apellido Arauz. En la primera, quizá por error del testigo o del escribano, se lee “Juan Diez de Arauz de Betanzos”; en la segunda, en cambio, los nombres y apellidos aparecen correctamente: Juan Diez de Betanzos e Arauz.

El hecho de haberse identificado solo con el apellido Betanzos explica que, desde el hallazgo de los primeros capítulos de la crónica por Jiménez de la Espada, se haya asumido que nació en la localidad gallega de igual nombre. Más tarde, a raíz de dos cartas relativas a un escribano de Valladolid llamado también Juan de Betanzos —residente hacia 1539 en Santo Domingo—, sugerí en mi edición de 1987 la hipótesis de que se tratara del mismo autor de la Suma y narración.... Aunque algunos historiadores han rechazado duramente esta propuesta, basándose en argumentos endebles y sin pruebas documentales, ninguno ha logrado aclarar la identidad de ese homónimo presente en las Indias en los mismos años que nuestro cronista.

Hoy, aun contando con nuevas fuentes sobre su vida, sigo considerando posible que ambos Betanzos fueran la misma persona. Existen evidencias de su participación en los sucesos ocurridos en Lima hacia 1536 y, más tarde, desde 1541, cuando ya actuaba como intérprete de Vaca de Castro. No obstante, el período intermedio de cinco años permanece sin rastro documental que confirme su estancia en Perú. Por otro lado, las fuentes sugieren que Betanzos tenía un carácter inquieto y una notable facilidad para trasladarse de un lugar a otro. No resultaría extraño, entonces, que tras su intervención en el cerco de Lima —una vez concluida la conquista, sin ocupación fija ni compromisos matrimoniales— hubiese marchado a Santo Domingo para ejercer como escribano, aunque de manera no oficial, y que en torno a 1541 regresara nuevamente al Perú. En cualquier caso, mientras no aparezca nueva documentación, esta sigue siendo una de las incógnitas que envuelven la vida del cronista.

Hoy, a la luz de su vinculación con Guipúzcoa, cabe plantear una nueva hipótesis: la posibilidad de que Betanzos fuera también de origen vasco. Es factible que su madre se hubiera casado con un Diez de Betanzos y que de esa unión naciera el cronista en Oñate. No obstante, no existen pruebas concluyentes que lo confirmen. Lo cierto es que la pareja llamó a su hijo Juan, nombre característico de las antiguas familias asentadas en dicha localidad vasca. En lo que respecta a su origen, lo único que parece relativamente claro —según la información contenida en el pleito ya mencionado— es su ascendencia gallega y, posiblemente, vasca. Sin embargo, los testimonios recogidos resultan insuficientes para precisar con certeza la ciudad o el pueblo natal de Betanzos; el lugar, por ahora, permanece oculto en las sombras del pasado.

Otra incógnita en torno al autor de la Suma y narración... es la fecha de su nacimiento. Se ha especulado recientemente que pudo haber nacido en 1519, aunque no existe constancia documental alguna que lo avale. Con igual ligereza se ha propuesto que llegó al Perú en 1535.

El litigio promovido por sus hijos, María y Ruy, no aporta datos sobre la edad ni la fecha de nacimiento de su padre. Sin embargo, un detalle resulta útil: la mayoría de los testigos mejor informados de su vida declararon tener alrededor de sesenta años en 1576. Esto permite suponer que Betanzos tendría entonces una edad semejante; en consecuencia, habría nacido entre 1516 y 1519.

El manuscrito que contiene la ya citada Cédula del 28 de agosto de 1548 —por la cual Pedro de La Gasca le otorgó la encomienda de Caquixane, en el Collao, como recompensa por los gastos asumidos en la pacificación del Perú— ofrece información adicional. En ella, el pacificador afirma que Juan de Betanzos “ha residido en estos reinos más de quince años”, lo que situaría su llegada hacia 1532 o 1533. Todo indica que al hablar de “estos reinos” La Gasca se refiere específicamente al Perú, pues en varias ocasiones emplea esa misma fórmula para designar el territorio del antiguo Imperio incaico. Así, Betanzos habría arribado al Perú en esas fechas con entre diecisiete y veinte años de edad. El propio documento confirma además que se hallaba en Lima cuando, en agosto de 1536, las tropas de Manco Inca sitiaron la ciudad; entonces debía de tener entre veinte y veintitrés años.

La Cédula aporta otros datos de interés sobre su persona. Señala, por ejemplo, que Betanzos era hijodalgo y real vasallo de la Corona, y que a su costa mantuvo armas y caballos para la defensa de Lima durante el asedio. Este hecho refuerza la idea de que pertenecía a familias de cierto rango, como lo sugieren tanto sus antecedentes paternos y maternos. Asimismo, el documento constata que acompañó a Francisco Pizarro a la provincia de Nazca, lo que confirma su temprana participación en los hechos de la conquista.

Conviene aclarar que, pese a lo que se ha afirmado acerca de que Betanzos fue intérprete del Marqués y que de ese oficio habría nacido una estrecha amistad entre ambos, la Cédula de La Gasca no menciona nada semejante. Por el contrario, de su texto se desprende que el vínculo con Pizarro surgió a raíz de la ayuda que Betanzos le prestó como hijodalgo, poniendo a disposición armas y caballos de su propiedad. Lo que sí consta es que su labor de intérprete comenzó con el gobernador Vaca de Castro, gracias a quien “tomaba entendimiento de cualquier negocio y cosas de lo que los señores naturales de estos reinos con él querían negociar y negociaron”. Posteriormente, desempeñó el mismo papel con el virrey Blasco Núñez de Vela, a quien acompañaba en el momento de su captura por las tropas pizarristas. Más tarde ejerció también de intérprete de Gonzalo Pizarro y llegó a participar activamente, en calidad de soldado, en la rebelión que éste encabezó entre 1544 y 1548.

Del documento se deduce, además, que Betanzos residió en Lima durante todo ese tiempo. Solo tras la proclamación de Gonzalo Pizarro como gobernador por la fuerza abandonó la ciudad y partió hacia el Cusco. Desde allí, enterado de la llegada de la Real Armada al puerto de Santa, se unió a ella y proporcionó a sus capitanes una “razón y cuenta verdadera” del estado en que se hallaban los asuntos del reino y de la posición del propio Pizarro, con el fin de orientar las acciones hacia la pacificación. La Cédula refiere también que, una vez en Santa, Betanzos se incorporó formalmente a la Real Armada, sirviendo a la Corona hasta llegar a la Ciudad de los Reyes, desde donde marchó a Chaquizaguay para ponerse bajo las órdenes de La Gasca.

Aunque la cronología que se desprende de la Cédula difiere en algunos aspectos de la que ofrecen otras fuentes, lo cierto es que, en esas circunstancias, Betanzos se pasó al bando real. Según el propio pacificador, bajo su mando volvió a ejercer de intérprete en “las cosas que a los caciques y señores de estos reinos se ofreció”. La Gasca subraya incluso que Betanzos fue el primer hombre en abandonar el ejército de Gonzalo Pizarro, aportando noticias cruciales sobre el desarrollo de la guerra en el campo enemigo.

Todos los hechos relatados en la Cédula de La Gasca son verídicos, aunque es evidente que fueron presentados de manera algo retocada, con el fin de resaltar los méritos y servicios de Betanzos y así justificar la concesión de la encomienda que dio origen al documento. Cierto es que participó en el cerco de Lima: la minuciosa descripción del asedio que dejó en la Suma y Narración... confirma que estuvo presente en la defensa de la ciudad, aunque él mismo no lo declare explícitamente. Sin embargo, respecto a la rebelión de Gonzalo Pizarro, parece más acertada la siguiente reconstrucción cronológica: tras la promulgación de las Leyes Nuevas y la llegada en 1543 del primer virrey Blasco Núñez de Vela, encargado de aplicarlas, Gonzalo —el hermano menor de Francisco Pizarro— se levantó en armas. En esos primeros momentos, como la mayoría de encomenderos del Perú, Betanzos se sumó a su causa y trabajó activamente en favor de la rebelión.

Entre los principales hacendados que apoyaron a Gonzalo figuraba Francisco de Carvajal, antiguo militar de renombre y exalcalde del Cusco, quien pronto se convirtió en Maestre de Campo del ejército rebelde. Pese a su cargo, era odiado y temido por las rapiñas y crueldades que cometía. No obstante, por razones que se desconocen, Betanzos fue amigo suyo y permaneció a su lado casi hasta los últimos compases de la contienda.

El cronista Pedro Gutiérrez de Santa Clara refiere una anécdota ilustrativa: en una casa se fraguaba una conjura contra Carvajal, cuando Betanzos entró, ignorante de la situación, únicamente para hablar con la dueña. Al percibir el murmullo de los presentes, salió sin decir palabra. Los conjurados, temiendo haber sido descubiertos, creyeron que Betanzos era un espía del Maestre de Campo, pues lo tenían por su “amigo y paniaguado”, y sospecharon que había acudido a informarse sobre la conjura.

Quizá por este testimonio se ha mantenido la idea de que Betanzos fue “paniaguado” de Carvajal. El término designa a quien sirve en una casa a cambio de sustento y salario, o a quien se vincula a un poderoso de quien recibe protección. Sin embargo, a la luz de lo que sabemos, resulta difícil sostener tal calificación. Betanzos había costeado con sus propios recursos caballos y armas en la defensa de Lima, lo que implicaba mantener el equipamiento de sus hombres y, con toda probabilidad, pagar sus sueldos. Más aún, hacia esos años ya estaba casado con doña Angelina, princesa inca bautizada, quien aportó al matrimonio cuantiosos bienes. En ese contexto, parece inverosímil que un hombre de su posición pudiera ser considerado un simple “paniaguado” de Carvajal.

No cabe duda de la amistad que existió entre Carvajal y Betanzos, pues se cuenta que el primero llegó a nombrarlo capitán de una escolta compuesta por un grupo de arcabuceros, con la misión de seguir a los soldados enviados a la provincia de Chile para evitar que cometieran abusos, violencias y saqueos en los pueblos de indios y estancias por donde pasaban. Esta escolta, formada en 1546 para proteger a los naturales, llegó hasta Tarapacá y posteriormente regresó a Lima.

Cabe preguntarse si la relación entre Carvajal y Betanzos se inició durante la estancia de ambos en el Cusco o a través de Gonzalo Pizarro. La lectura de la Suma y narración deja ver con claridad la admiración y respeto que el cronista sentía por el Marqués; sentimientos que, tras la muerte de éste, probablemente trasladó al hermano menor, en parte por ser el único miembro sobreviviente de la familia en el Perú. De ahí que, moralmente, Betanzos se sintiera obligado a unirse a su causa. Sin embargo, además de la amistad y la lealtad hacia los Pizarro, también pudieron influir su deseo de salvaguardar la hacienda de su esposa Angelina y, sin duda, su espíritu aventurero, que difícilmente le habría permitido mantenerse al margen de la revuelta. Todo ello explicaría que participara activamente en la rebelión, incluso arriesgando la vida, como sucedió en agosto de 1547, cuando Juan de Acosta —uno de los hombres de máxima confianza de Gonzalo Pizarro, ya proclamado gobernador— lo envió desde Trujillo con una carta para su jefe, en compañía del intérprete indígena don Martín. Ambos fueron capturados en el camino, cerca del pueblo de Santa, por seguidores de La Gasca. Pero lejos de ser condenado como rebelde, Betanzos supo sacar provecho de aquella difícil coyuntura, y con gran probabilidad fue entonces cuando se pasó a la Armada del Pacificador.

La versión que ofrece la Cédula de La Gasca, sin embargo, es distinta: sostiene que, tras proclamarse gobernador Gonzalo Pizarro, el cronista abandonó Lima rumbo al Cusco y de allí marchó a Santa, donde se hallaba la Real Armada. Este testimonio no parece del todo cierto. Es probable que, para entonces, Betanzos ya no aceptara a un Pizarro ensoberbecido, cuyos iniciales planteamientos revolucionarios —basados en los conflictos suscitados por la aplicación de las Leyes Nuevas— habían quedado en nada tras la moderación dictada por la Corona. A esas alturas, Gonzalo apenas contaba con el apoyo de los conquistadores y, a pesar de ello, aspiraba a proclamarse rey. Ya no era el caudillo salvador, sino un rebelde que buscaba imponer un régimen despótico en el Perú, y que en poco tiempo había mandado ejecutar a más de trescientos cuarenta españoles disidentes.

Aun así, aunque Betanzos probablemente pensara de ese modo, pudo haber continuado en sus filas, consciente de lo difícil que resultaba abandonarlas mientras dependiera directamente del implacable Carvajal. Con astucia, supo esperar la oportunidad propicia para pasarse al bando realista, como ya lo hacían muchos encomenderos que en un principio habían apoyado a Gonzalo. Todo indica que esa ocasión se presentó precisamente cuando fue hecho prisionero en Santa.

Según relata la Cédula, tras incorporarse Betanzos al ejército realista sirvió a La Gasca como intérprete, transmitiendo las noticias que los indígenas llevaban acerca de Gonzalo Pizarro y sus capitanes. Cuando el Pacificador supo que los rebeldes se encontraban en el valle de Jaquijahuana, organizó sus tropas y marchó a su encuentro. El enfrentamiento tuvo lugar el 9 de abril de 1548, y en él Betanzos combatió “en la vanguardia de la manga del escuadrón de Su Majestad”. Finalmente, La Gasca justificó en la Cédula que el cronista había sufrido cuantiosos gastos durante la guerra y que deseaba establecerse de manera definitiva en el Perú; como recompensa a sus servicios y en reconocimiento a su lealtad, le otorgó el repartimiento de Caquixane, en el Collao, el 5 de noviembre de 1548.

Cabe recordar que, antes de esa merced, el 17 de agosto del mismo año, en el asiento de Guarina, La Gasca había repartido ciento treinta y cinco mil pesos ensayados de renta, que estaban “vacos”, entre los caballeros, capitanes y soldados que lo habían apoyado en Jaquijahuana, y que de ese monto Betanzos recibió también cien pesos. Desde entonces, pasó a ser titular de una encomienda propia, cuando hasta entonces se había ocupado únicamente de administrar los bienes de su esposa. Con ello se pueden distinguir dos etapas en su vida: la primera, marcada por la aventura y la intensa actividad militar, que se extiende desde su llegada al Perú hasta 1548; y la segunda, que va desde ese año hasta su muerte en 1576, caracterizada por su condición de hacendado asentado en el Cusco. No obstante, ambas fases tienen un hilo conductor: la escritura.

La misma Cédula señala que ya en 1548 había traducido la Doctrina cristiana a la lengua de los naturales, y no debe olvidarse que en 1542 había participado en la información de los Quipucamayos ordenada por Vaca de Castro. A pesar de las responsabilidades derivadas de su papel de encomendero y de sus afanes como cronista, Betanzos nunca perdió el espíritu aventurero. Así lo demuestra en 1557, cuando, con algo más de cuarenta años, se ofreció al virrey marqués de Cañete para internarse en la selva con la misión de negociar la salida de los Incas rebeldes de Vilcabamba, a sabiendas de lo penoso y arriesgado del viaje, sobre todo para alguien que ya era considerado mayor en aquella época.

No es posible precisar la fecha en que se estableció definitivamente en el Cusco. La Cédula sugiere que residía en la Ciudad de los Reyes en los primeros años de la década de 1540, ejerciendo como intérprete de Vaca de Castro, del virrey Blasco Núñez de Vela y, tras la muerte de éste, de Gonzalo Pizarro. En el pleito entre María y su hermano Ruy, un testigo declaró que Betanzos y doña Angelina Yupanqui se habían casado en Lima, mientras otro afirmaba que los unió en matrimonio el propio Vaca de Castro. Según La Gasca, cuando Gonzalo Pizarro se proclamó gobernador, Betanzos abandonó Lima para instalarse en el Cusco “por no hacer con él la rebelión en contra mía”. Sin embargo, ya en 1542, al redactarse la Relación de los Quipucamayos, aparece mencionado como vecino del Cusco. ¿Cabe entonces suponer que su residencia estaba fijada en la antigua capital incaica y que viajaba a Lima únicamente cuando sus servicios de intérprete eran requeridos?

Tampoco puede precisarse cuándo aprendió el quechua, aunque es evidente que hacia 1542 lo dominaba con soltura, al punto de intervenir en la Relación de los Quipucamayos. Su competencia debió afianzarse gracias a sus labores como traductor para las autoridades y, sobre todo, a su matrimonio con la ñusta Cuxirimay Ocllo, doña Angelina, lo que lo vinculó directamente con la panaca real de la que ella formaba parte. Como encomendero, parece haber combinado el cuidado de las haciendas de su esposa y de las dos encomiendas que ambos poseían con sus funciones de intérprete, sin abandonar la redacción de su crónica.

En este contexto, resulta comprensible que, movido por su conocimiento del idioma, su vocación de cronista y su espíritu inquieto, acudiera en 1557 a Lima para solicitar al virrey marqués de Cañete que lo enviara a Vilcabamba. El virrey Andrés Hurtado de Mendoza aceptó la propuesta y, como cuenta Betanzos en el último capítulo de su obra, lo proveyó de valiosos presentes con los cuales sería más sencillo lograr la salida de los Incas rebeldes.

Como se ha señalado, del cierre de la crónica parece deducirse que Betanzos pensaba relatar en detalle aquella misión; sin embargo, se desconoce si llegó a hacerlo, pues hasta hoy no se han hallado tales noticias. Lo que sí consta es que emprendió la embajada acompañado por el fraile dominico Melchor de los Reyes. Ambos intentaron ingresar primero por Guamanga y, al no lograrlo, lo intentaron nuevamente desde Andahuaylas, pero tampoco tuvieron éxito, ya que los capitanes del Inca Sayri Túpac mantenían cortados los caminos. Informado de la situación, el corregidor del Cusco ordenó el regreso de los expedicionarios y organizó una nueva embajada, esta vez reforzada con la participación de Mancio Serra de Leguízano, hijo del célebre conquistador homónimo y sobrino de la coya doña Beatriz. Sería prolijo detenerse en los detalles de aquella negociación llevada a cabo en la selva; baste señalar que, como resultado, Sayri Túpac abandonó Vilcabamba y, tras entrevistarse en Lima con el virrey marqués de Cañete, se estableció en Yucay.

No cabe duda de que, gracias a su labor de intérprete y a la participación en aquellos sucesos, Betanzos alcanzó un notable prestigio, particularmente entre la sociedad indígena. De ahí que, cuando Sayri Túpac murió en julio o agosto de 1560, el licenciado Polo de Ondegardo, corregidor del Cusco, lo enviara a Vilcabamba junto con Martín de Pando para certificar ante Tito Cusi Yupanqui que su medio hermano había fallecido de muerte natural. Betanzos contaba entonces entre cincuenta y dos y cincuenta y cinco años de edad.

Sin embargo, no todo fueron bonanzas en su vida. Poco después de iniciarse la segunda mitad del siglo XVI debió perder a su esposa Angelina. Se desconoce cuánto tiempo permaneció viudo ni en qué momento contrajo segundas nupcias con la española Catalina Velasco, aunque existen testimonios que aseguran que de esa unión nacieron tres hijos, aún pequeños al momento de la muerte del cronista. También permanecen en la penumbra los motivos por los que, llegado el final de su vida, Betanzos se hallaba casi sin bienes y agobiado por las deudas. Declaraciones de María, su hija con Angelina, indican que al morir el 1 de marzo de 1576 la familia no disponía de recursos ni siquiera para costear el entierro y la sepultura. Catalina, su segunda esposa, testificó que no había dejado propiedades ni muebles, y que su hijo Ruy se vio obligado a asumir las deudas contraídas por el padre.

Tales afirmaciones resultan sorprendentes si se considera que Angelina había heredado numerosas propiedades de Francisco Pizarro, las cuales Betanzos administró tras la muerte de su esposa, hasta que su hija alcanzó la mayoría de edad y pudo disfrutar de la herencia materna. Sin embargo, en las pruebas del litigio, María aseguró que su padre se había desprendido de la mayor parte de sus bienes, y algunos testigos confirmaron que el cronista les manifestó su intención de vender todas las tierras del valle de Yucay —e incluso de donarlas a monasterios e iglesias si no encontraba compradores.

Se desconoce qué conflictos familiares lo llevaron a tomar tales decisiones; quizá se relacionen con la época en que, disgustado con su hija, llegó a desheredarla. Cualesquiera que fueran los motivos, lo cierto es que Betanzos terminó sus días empobrecido y cargado de deudas. Este constituye, sin duda, otro de los enigmas que rodean la vida de tan singular personaje.

Hecho y compilado por Lorenzo Basurto Rodríguez

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